lunes

 

Y ahora leo los mensajes y me doy cuenta de que tenía toda la pinta de ser el principio de una historia preciosa. Y no lo fue por mi culpa. No vengo a pedirte una segunda oportunidad. Seguramente lo volveré a estropear. No vengo a pedirte perdón, porque la única dañada en esta historia fui yo. Sólo quiero contarte, aunque probablemente ya no te interese, que no soy así, no soy la mujer que has visto todo este tiempo. No soy tan despistada, ni celosa, ni protectora, ni dependiente. No soy nada de eso, aunque hasta ahora te haya enseñado todo lo contrario. No sé qué me paso con vos, me encantaría saberlo porque quizá así comprenderías mis actos, quizá así me entenderías.

Puedo decirte que fue un error, uno de tantos... Con el corazón en la mano, te digo que me da muchísima pena que lo que hemos vivido no vaya a repetirse. Me da igual que los de ahí fuera no entiendan nada. Vos y yo lo sabemos. Siempre he sabido que desde el primer momento tuvimos una conexión especial, un algo que yo jamás había tenido con nadie más que conmigo misma. Sé que con vos perdi a la casualidad más grande de toda mi vida. Y sé que jamás voy a perdonármelo. Necesito muchas cosas de vos pero no puedo pedirte nada, no tengo derecho. Sólo quiero que sepas que ha sido perfecto compartir un trozo de vida con vos, que estás en mi historia y formarás parte de ella hasta que me muera. Y, que aunque intento aprender a vivir sin vos, no pienso borrarte de mi mente (ni de mi corazón).

A partir de ahora conocerás a otras mujeres, y aunque yo jamás me perdonaré haberme dedicado a perderte, realmente espero que te valoren y te roce al menos la mitad de la pasión con la que nos hemos rozado vos y yo. Me hubiera encantado quererte un poco, lo justo para que vos me quisieras.

Ojalá yo hubiese sido la mujer de tu vida...



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